Pequeños rayos de luz entraron sigilosamente por la ventana, ignorando la presencia de aquella cortina café, donde llegaron a tocar mi piel sin permiso, subí la mirada tratando de observar y analizar el papel tapiz pero no me podía concentrarme en algo más que seguir respirando, lo tenía a mi lado envuelto en sabanas egipcias blancas de más de quinientos hilos, respirando tranquilo como si nada lo atormentara, tan espectacular como había sido siempre.
¿Qué podía hacer?, ¿acaso sólo tenía que tomar mis cosas y marcharme?, todo se suponía que era maravilloso, volví la mirada a él tratando de entender lo que había pasado en semanas anteriores, cómo fue que el universo nos separo espiritualmente, ¿acaso fue una conspiración de él mismo? Él tan perfecto y yo tan imperfecta, bueno así era como lo creía la sociedad; sus padres y aunque no lo pudiera creer también los míos.
Su cabello tan suave y brillante que a la primera vista con los rayos de luz que tocaban cálidamente su rostro, se podía ver perfectamente rubio como una moneda brillante, su piel blanca como el marfil y con aquellas pecas alrededor de su nariz lo hacían aún más perfecto; aunque sus ojos estaban cerrados, los tenía almacenados en mi mente, un azul cielo que al verlos podía alegrar los días más negros y perderte en ellos, sus labios con un rosa pálido que encajaba perfecto con toda esa combinación de colores, ¡ah como amaba cuando mordía esos labios tan suaves!, extrañaré su simple presencia que podía estremecerme con solamente su olor. ¡Vaya que las cosas se volvieron complicadas! ¿Debería despedirme?
Me levante de la cama mentalizándome que este sería un hasta nunca, tomé mi maleta que a escondidas hice ayer en la noche, mientras él estaba en la ducha, pensado que podía decirle, que este era el adiós que no podíamos estar más tiempo así, decidí callar y terminar de empacar, !soy tan cobarde! pero él no podía ver el equipaje, lo escondí y espere a que él saliera para volver a esa realidad imposible me vestí con un el vestido amarillo con unos zapatos azul cielo, ¡oh que linda combinación! me regañe irónicamente a mí misma. Al terminar de cambiarme abrí la puerta, me despedí de él, de su olor, de aquellas sabanas blancas, ¡madre mía! Cualquiera pensaría que era una locura, que algunos de mis pensamientos estaban de acuerdo de no dejarlo ir, de que no podía huir y terminar esto, no de esa forma. Pero lo que en verdad quería era dejarlo ser feliz y eso era imposible conmigo a su lado. Era hora de partir.
Por alguna razón todos en la mansión estaban dormidos, ¿será que apenas son las cinco de la mañana?, aunque es tarde para servidumbre y más a los encargados de la cocina ya que la matriarca de la familia Singht querría su desayuno en la cama en punto de las seis. Vaya me quedaba una hora para irme, por fin pude salir de la mansión, claro que tenía que ser vista al menos por Kevin el encargado de la seguridad de aquella mansión.
-Señorita Marienn, ¿Qué hace levantada tan temprano? — Me dijo con cierta curiosidad aquel hombre de avanzada edad que de alguna manera sus ojos siempre me inspiraron confianza — Me tengo que ir— le dije tratando de sostener la mirada a Kevin, trate de ser sincera con él sentía que se lo merecía, era de los pocos en el área de la servidumbre que me apreciaba—Mucha suerte señorita Marienn— me dijo con una dulzura que me hiso voltear y decir adiós con un sonrisa.
Por fin salí de aquella casona donde un día pensé que alguien me querría, ahora sé que ni Damien me quería allí. Camine más de un kilometro para salir a la carretera, valla que no había pensado que aquí no habría taxis, trate de compadecerme a mi misma diciéndome ‘’eran los nervios’’, camine un poco más de cinco kilómetros por fin podía ver la ciudad, ¿pero a donde iría?, no podía simplemente llegar a la casa de mis padres en Francia o buscar a mi abuela en Roma, tome un taxi rápidamente y le dije en voz baja — a la estación de trenes por favor—. En menos de veinte minutos estaba allí, otra vez en mi mente rondaba a donde iría, estaba en Londres un poco cansada de los pies y con mil euros en mi cartera tomaría el primer viaje que saliera, así le haría. Tome mi maleta y fui a comprar el boleto — ¿destino? — Lo pensé una vez más pero aún así seguí con la misma decisión— ¿Cuál es el primer destino que tienes? —me miro extrañaba y checo su computadora— ¿en verdad sabe a dónde quiere ir? —Trate de no buscar otra fallida solución—no— ¿disfruta Londres? —No mucho que digamos—me miro a los ojos— entonces le recomiendo tomar un taxi hacía el aeropuerto y si no disfruta Europa viajar a América dicen que estados unidos es un lugar de oportunidades— gracias—.
Volví a tomar mi maleta y Salí de la estación de trenes, una ventisca de aire me llego a mi cara pude reconocer el olor de su perfume pero mi mente rápido pensó que ni en un mundo paralelo sería Damien el no estaría levantado hasta mínimo las diez de la mañana aunque había algo que me llamaba mucho la atención, me llamo más la atención al escuchar Marienn, mi mente se negaba a pensar que era él, pero se distrajo y me hizo voltear, si, si era el corriendo tan fuerte como nunca lo hizo, mis pies no podían moverse y solo reaccionaron a envolverse en su dulce abrazo, ¿Qué pasaba?, ¿Qué parte de mi plan había trazado mal?.
— ¿A dónde te dirigías? — Me pregunto con mucha tristeza en su mirada, no podía responderle, la conexión de mi mente a mi boca se había descompuesto— ¿Marienn estas bien? —No, no lo estoy debí decir y arreglar todos los problemas que teníamos, vi el anillo junto al pequeño papel que le deje que decía ‘’este es ultimo adiós’’, tome el anillo y lo puse en su mano derecha, dirigí su mano donde estaba situado el corazón. —Lo siento Damien, algún día comprenderás mi partida— le di un beso en la mejilla y tome un taxi, se había quedado anonado, no era lo que esperaba, yo quería irme sin dejar alguna huella, que el sacara sus propias conclusiones, pero le quedo más claro que el agua.
Ver el paisaje con la ventana abierta del taxi me hizo pensar tantas cosas, una de ellas es que tenía tanto si ver a mis padres aunque ellos no aceptaran mis decisiones los extrañaba tanto así como a mi abuela Rubí y a mi mejor amiga Agatha. Tengo que regresar a mis orígenes, dejar el estrés a un lado, regresar a Francia.
Andrea Valencia